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La ciudadanía por nacimiento no es negociable

Actualizado: hace 4 horas

El Tribunal Supremo ha escuchado esta semana los argumentos sobre si un presidente puede negar la ciudadanía a los niños nacidos en Estados Unidos en función de la situación migratoria de sus padres. El caso gira en torno a un decreto de Trump que intenta restringir quién puede considerarse estadounidense por nacimiento.


La Constitución lo deja claro. La 14.ª Enmienda garantiza la ciudadanía a las personas nacidas en Estados Unidos y sometidas a su jurisdicción. Esto es jurisprudencia consolidada desde hace más de un siglo.


Este problema no tiene que ver con la ambigüedad jurídica. Se trata de si esa garantía se puede reformular para excluir a ciertas familias.


Este país ya ha dejado claro quién tiene cabida aquí.


En 1848, el Tratado de Guadalupe Hidalgo puso fin a la guerra entre Estados Unidos y México. Estados Unidos se quedó con una gran parte del territorio mexicano, incluyendo tierras que hoy forman parte de Colorado y gran parte del suroeste. La gente que vivía allí no cruzó a Estados Unidos. Fue la frontera la que los atravesó.


El gobierno federal reclamó ese territorio, asumió la autoridad sobre las personas que lo habitaban y concedió la ciudadanía como parte de esa expansión. Esa historia no define a todas las familias latinas de Colorado. Pero sí demuestra que la ciudadanía en Estados Unidos nunca se ha basado únicamente en el origen. Se ha definido mediante la ley y las garantías constitucionales.


Negar la ciudadanía a los niños nacidos aquí crearía un sistema en el que la pertenencia dependiera de la situación de tus padres. Haría que la ciudadanía fuera condicional. Permitiría al gobierno redefinir quién cuenta en función de criterios políticos.


El ataque actual de la administración Trump es un rechazo a una América plural.


Se dirige directamente a las familias inmigrantes y a las comunidades latinas. Da a entender que algunos niños nacidos en este país son menos estadounidenses que otros. Esa es la lógica que hay detrás de este decreto presidencial, y hay que llamarla por su nombre: se basa en la exclusión y el racismo.


El Tribunal debería rechazar esta iniciativa de plano. La ciudadanía por nacimiento es una garantía constitucional.


«Es un mundo nuevo. Es la misma Constitución», le dijo el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, al fiscal general adjunto D. John Sauer durante la vista. Esa debería ser la respuesta aquí. La política ha cambiado. La Constitución, no.


Se espera que la decisión definitiva se tome a finales de este verano.

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